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Gran parte de nuestra vida consiste
en mirar, sí, en mirar. Cuantas ocasiones hemos visto un cielo
hermoso, un sol radiante, una estrella luminosa, una flor hermosa y
sencilla, un atardecer apacible, la luz difusa que se expande y se
torna brillante, unos ojos limpios y una sonrisa inocente.
Nuestros sentidos generalmente
nos pasan desapercibidos, los hacemos sentir tan normales que
sólo cuando somos pequeños o carecemos de alguno nos damos cuenta de
ese tesoro. Cuando somos niños se nos |
| enseña a
descubrirlos, las mamás al tener a su pequeño en su regazo les toman
las manos para aplaudir, les muestran objetos para que fije su
atención y su mirada, les hablan al oído para que aprendan a escuchar,
al comer el niño hace gestos y sabe si le gusta la comida o no, lo
mantiene aseado para que el niño se sienta fresco, limpio y huela
bien. Cuando se es niño se disfrutan esos tesoros. Sin embargo al ir
creciendo se van descuidando.
Si volvemos la mirada al cielo,
quizá recordamos el pasaje que dice: “Mirad las aves del cielo:
no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre
Celestial las alimenta”. Este pasaje nos invita a poner
atención, a observar, a considerar, a admirar y a contemplar;
deteniendo un poco nuestro correr apresurado en tantas actividades y
colocar nuestra mirada en aquello que nos lleva a ÉL. No quiere decir
que estemos sin ejercer alguna actividad, no, sino que aquello que
realicemos no nos separe de ÉL. Desde la fabrica, la oficina, la
escuela, la parada del autobús, la cocina, el consultorio médico,
desde la cama en un hospital, en el sólo caminar podemos dirigirle una
mirada de amor a Aquél que nos Ama , porque nuestras miradas te
siguen a ti lumbre inapagable, nuestra vida debe ser toda
oración, nuestra mente siempre fija en ÉL, vivir solo para ÉL, estar
continuamente junto a ÉL, junto al amado, junto a Dios.
Santa Clara cuando miraba a los
enfermos, a los pobres, a los hermanos y a las hermanas, les miraba
como Dios mismo los miraba, con el amor de Dios que ella ya había
experimentado y lo dejaba traslucir por que ya estaba transformada por
ese amor que transforma. Clara al mirar a Dios en toda su creación,
le amaba.
También San Francisco hizo un alto en
su vida y descubrió el tesoro de la mirada, tan grato fue que llamó a
todos hermanos y compuso el Cántico del Hermano Sol. En muchas
ocasiones los hermanos llegaron a descubrir que San Francisco había
estado en un coloquio de amor con el que es todo Amor, porque estaba
tan absorto en Dios que su rostro resplandecía y tenía que ocultarlo a
la vista de sus hermanos. Estaba embriagado del Amor Divino que lo
hacía exclamar “el amor no es amado, el amor no es amado”; él
es el hombre hecho oración porque la oración es amar y adorar a Dios.
¿Necesitas una Mirada de Amor?
Eleva una oración a Dios desde el lugar donde te encuentres, entra en
un diálogo de amor con tu creador y deja que esa mirada de amor te
invada todo, te penetre todo y te llene todo; transformándote todo en
ÉL, y encontraras una respuesta a tus preocupaciones y necesidades.
Busca sus ojos, llama a su corazón, toca a su amor, porque quien busca
encuentra, al que toca se le abre y quien pide alcanza.
Que
todo tu día se vea colmado del Amor Divino
Sor
Carmelita de Jesús , O.S.C. |