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Mi Boda
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UNA VOZ QUE CAUTIVA Y ENAMORA

Todo comenzó con una llamada muy especial, escuche una voz que me decía, ¿Me amas?,¡Sígueme!.

A los 9 años, mi abuelita me había contado la historia de San Francisco de Asís y quedé tan emocionada que entré al jardín seráfico en el Templo de San Francisco; después a los 16 años, entré a formar parte de la gran familia franciscana seglar, que es la Tercera Orden fundada por San Francisco de Asís. Me sentía feliz, tanto, que todo el día traía puesto el escapulario y la cuerda. Ya entonces quería ser de la Orden de Santa Clara, irme a un convento; por un lado no sabía que aquí en Celaya había clarisas; por otro lado mi mamá solo decía: estudia.  Yo estudiaba en ese tiempo la preparatoria, después la universidad, (seguía usando mi escapulario y mi cuerda franciscana); el Señor me regalaba el “don” de titularme como Contador Público y seguía escuchando esa dulce voz que me decía: ¿me amas?, ¡sígueme!.

Un sacerdote franciscano me dijo que aquí en Celaya, había hermanas clarisas, que es la Segunda Orden fundada por San Francisco de Asís y me dio el domicilio: salte de gusto y fui a verlas, me entrevisté con la Madre Abadesa y me dio la oportunidad de estar un mes con ellas para clarificar mi vocación. Descubrí mi camino, pero no me quede por razones familiares, así que regresé a casa y a mi trabajo. Desde entonces mis visitas al convento fueron muy frecuentes y mis conversaciones acerca de mi ingreso y vocación con la Madre Abadesa fueron algo más; conocía que era mi lugar cuando podía quedarme unos minutos en la capilla, ya que me sentía en paz y en traquilidad.

Desde que estaba en la preparatoria comencé a trabajar como auxiliar de contabilidad en  un despacho contable, en el cuál trabajé por más de quince años. Yo quería seguir a Dios de forma más especial pero seguía trabajando, mi trabajo en el despacho y en mi casa de forma particular me gustaba, disfrutaba de mi carrera de contador, ya que aún en mis días de descanso la ejercía con gran gusto, puesto que con ello ayudaba a personas en sus asuntos contables-fiscales y a mi familia, de una manera muy especial a mi Mamá ya que sabía que el dinero hacia falta en la casa.

Formé parte de la juventud franciscana (JUFRA), y conocí también grandes hermanos franciscanos de un gran espíritu de amistad, de alegría y de fraternidad.

Seguía desempeñando mi carrera, y el Señor seguía derramando su amor misericordioso e infinito en mí, ya que desde mis superiores: la contadora, el contador, mis compañeros de trabajo y los contadores-auditores que conocí fueron grandes maestros de enseñanza técnica y con gran espíritu de servicio y amor a su trabajo y al prójimo. Así me lo hacían sentir puesto que me explicaban con paciencia, sabiduría, atención y ánimo de ayudarme. A todos ellos ¡Dios les Recompense y Bendiga!.

Comencé a sentir un vacío tremendo, y decía: este trabajo es material, todo esto pasará, esto se termina, yo quiero algo que no termine nunca, yo quiero que todas estas personas (los clientes y sus trabajadores), conozcan y amen a Dios. Yo quiero que también ellos estén con Dios. Estaba decidida a dejarlo todo, así que le dije al contador que me retiraba del despacho, y también comencé a entregar las contabilidades que llevaba en casa, mi mamá aunque yo no le había comentado que había renunciado a mi trabajo, ella ya intuía algo, pues las mamás nos conocen tanto que saben incluso aquello que no les decimos, así que cuando le dije que me iba al convento me dijo: es Dios quien te llama, ¡síguelo!.

 

Fue hasta entonces que le dije al Hermano Ministro de la Orden Franciscana Seglar, (pues aún trabajando, no deje de asistir con mis hermanos franciscanos seglares, pues decía: mientras no ingrese en la Segunda Orden, no dejaré de ir a mi fraternidad) que entraría con las hermanas clarisas.  El día 16 de julio del 2001, día de la Santísima Virgen del Carmen, y día de mi cumpleaños y santo, el Señor me concedió la gracia de entrar al convento de Hermanas Clarisas, comencé mi aspirantado, postulantado, noviciado, juniorado, hasta llegar a la profesión definitiva, mi unión perpetua con mi dulcísimo Señor Jesucristo. 

EL DIA DE MI BODA   
Por fin llegó el día tan esperado, el día de mi boda, el día en que le daba el “sí” definitivo y para toda mi vida a Dios, a mi esposo del alma: Jesucristo. Ese día 19 de octubre del 2007, quería saltar, cantar, reír, bailar, es una dicha tan enorme la que se vive, que me sentía como la novia mas amada. Me acompañaron en la celebración eucarística el Padre Fray Enrique Muñoz Gutiérrez, O.F.M., quien presidió la eucaristía; el padre Fray Fernando Mendoza, O.F.M., el padre Fray Héctor Manuel Rodríguez, O.F.M., el padre Fray Gustavo Ramos, O.F.M.,el padre Fray  Raymundo Castillo, O.F.M., quien fungió como maestro de ceremonias, el padre Fray Ignacio de la Cruz Morales, O.F.M.,el padre Fray Ricardo Peñuñurí, O.F.M., el padre Fray Juan de Dios Ramírez, O.F.M., el padre Luis Ignacio Brito Miranda, S de P., sacerdote escolapio, Fray Roberto Campos Alegría, O.F.M., y Fray Mario Cabrera Alcaráz, O.F.M., quienes gentilmente diaconaron, y Fray Martín Molina, O.F.M. Los hermanos postulantes y las hermanas clarisas de Villagrán y Coroneo, con gran espíritu de fraternidad ejercieron el servicio del altar; mis hermanas clarisas de casa realizaron el servicio del coro. También nos acompañaron algunas hermanas clarisas de los Monasterios de Dr. Mora, Villagrán, Coroneo, una hermana franciscana de vida activa de Cortazar, las hermanas franciscanas de San José de esta ciudad, algunos hermanos franciscanos seglares y jóvenes de la juventud franciscana. También me acompañaron algunos compañeros y grandes amigos de la universidad, los contadores con quienes trabaje, personas a quienes les llevé su contabilidad, amigos y familiares.  

 

Completo mi alegría cuando que llegaron a la comida los hermanos Fray Fabián Orozco, O.F.M., Fray Jenaro López, O.F.M., Fray Miguel Galarza, O.F.M., todos disfrutamos del gozo y la alegría que da el ver a los hermanos unidos.

A todos ellos ¡Dios les recompense, los Bendiga y los llene de abundantes dones, gracias y bendiciones! y que la Santísima Virgen María los proteja y acompañe siempre

 

 

 

A ti que compartes mi experiencia a través de este medio de comunicación, te invito a que “escuches esa voz que anima, que da paz y quietud a tu vida, que da alegría y amor. Esa voz que sólo pide ser escuchada en lo más profundo de tu ser: en tu corazón, por que ahí es donde Dios te habla y te revela todo su amor misericordioso que te da. Y cuando escuches su voz, respóndele: Señor yo te amo, Dios mío tu eres mi Señor y mi Dios, ¿Qué quieres que haga?.

Tu hermana en Cristo: Sor María del Carmen de Jesús Córdova Martínez, O.S.C.

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

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